Reseña 2 A propósito de Diversidad Generacional: Desafíos para la educación universitaria en el siglo XXI.


 

A propósito de Diversidad Generacional: Desafíos para la educación universitaria en el siglo XXI.

 

El 29 de octubre de 1965 se publicó en Inglaterra uno de los primeros éxitos de The Who: My generation. La canción llegó rápidamente a Top Five de las radios piratas, llamadas así porque, a raíz del monopolio radioeléctrico de la BBC, las radios independientes debían transmitir desde barcos ubicados a algunos kilómetros de la costa. My generation es un himno de los años ’60 sustentado en el arrebato juvenil de gritar, tal como lo repite una y otra vez el estribillo, que es preferible “morir que envejecer”. Acaso no es una constante de cada generación pensarse a sí misma como única e irrepetible.

El trío Samaniego-Arroyo-Quispe proponen pensar las transformaciones socioculturales en términos de generación. Consideran que lo que distingue a una generación es la “convergencia en las formas de pensamiento, de asumir el pasado inmediato, germinado ideas para conectarse con el presente y proyectarse con el futuro” (2022: 667 y sig.). Para  los autores, esa convergencia se produce simplemente por la contemporaneidad: “las transformaciones políticas, económicas, industriales, dependen de las inclinaciones morales, estéticas y éticas de la generación que lleva la tutela en los actos sociales”. (668).

Seguidamente universalizan nomenclaturas generacionales más cercanas a la segmentación etaria propia de la ingeniería de  marketing estadounidense que a fundamentos sociológicos o, incluso, filosóficos. Así ponen en un mismo nivel el denominado “baby boom” que obedece al aumento de los porcentuales de natalidad luego de la finalización de la segunda guerra mundial, y los millennials, cuyo rasgo generacional es haber nacido luego de la creación de internet.

El impacto que cada nueva cohorte social lleva consigno obedece menos a su contemporaneidad como individuos que al instante específico de acumulación de capital en el modo de producción imperante. Es decir, el desapego de los millennials por la vida social, tal como plantean los autores, obedece menos a sus vínculos tempranos con las tecnologías digitales que a la construcción de su subjetividad en el contexto del avance de la economía política neoliberal.   

Ahora bien, si estas son las subjetividades que llenas las aulas universitarias ¿cuál es el destino que le espera a la educación superior? Esa es tal vez la gran pregunta generacional.

Samaniego, Arroyo y Quispe, (2022). Diversidad generacional: desafíos para la educación universitaria en el siglo XXI.




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